Bodas por el Mundo – Boda Tradicional Búlgara
27 Dic 2015

Bodas por el Mundo – Boda Tradicional Búlgara

En este post vamos a compartir con vosotros una de las ceremonias más complejas y detallistas que conocemos. Sólo os mostramos un pequeño resumen… Esperamos que os guste.

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LA CEREMONIA DEL SVATÚVANE O «DEL CONSUEGRO»
Cuando las mujeres alcanzaban la edad de dieciséis o de diecisiete años, y los hombres alrededor de veinte, se consideraba que estaban ya en edad de casarse, y las familias daban inicio a los preparativos de la boda, que era, sin duda, la fiesta más importante que había en la vida de cualquier búlgaro. El primer paso en los preparativos era el ritual llamado Svatúvane, palabra cuya raíz es svat, «consuegro». Antaño, eran los padres los que escogían los novios de sus hijos. Y casi siempre se miraba más el que la novia fuese de una familia rica y que fuese trabajadora, que el que fuese hermosa o inteligente. Eran matrimonios de conveniencia.  En un principio, los familiares del novio entablaban conversación al respecto con los familiares de la posible novia, y de ese modo se enteraban de si había alguna posibilidad de que el compromiso llegase a buen puerto. Si la respuesta era afirmativa, entonces el padre del novio, acompañado por dos familiares, se dirigía a la casa de la ya futura novia para hacer una visita. Llevaban la cantimplora de madera llena de aguardiente, y una hermosa hogaza de pan. Tras los saludos de rigor, ya en la casa, trababan una conversación trivial, que no tenía nada que ver con el verdadero propósito de la visita. Antes de beber, el padre llamaba a la novia, y le preguntaba si quería casarse con el mozo. Si ella aceptaba, entonces el padre bebía del aguardiente, lo que significaba que la petición por parte de la familia del novio era aceptada. A continuación se ponía la mesa, cubierta de manjares, y se agasajaba ricamente a los futuros familiares. Se hablaba en detalle de todas las condiciones y planes para la boda. La novia regalaba a los familiares del mozo calcetines o pañuelos que colocaba sobre el hombro derecho de ellos. Y los familiares del novio le daban a ella, a cambio, una cierta cantidad de dinero.
LA CEREMONIA DE PETICIÓN DE LA NOVIA
En el día señalado para la petición de la novia, el futuro suegro salía de la casa del novio en un carro tirado por bueyes, llevando una barrica de aguardiente y otra de vino, además de manjares cocidos y asados, y acompañado por la música de la gaita y del tambor, que le iba siguiendo hasta que llegaba a la casa de la novia. Antes el patio se había llenado ya de jóvenes. Las amigas de la novia tejían una corona para la novia, que colocaban sobre la cabeza de la futura cuñada para que ella la portase hasta la casa de la novia. La cuñada iba en la segunda carroza, con las mujeres más allegadas. Detrás iban más carros, y en el último iba la futura suegra. Su carroza era la más engalanada y vistosa de todas las que cerraban la comitiva. Junto a la suegra se ponía una hogaza ritual y, sobre ella, el ramillete de novia, y atada a él con hilo rojo una moneda de oro, collares y pulseras.
Cuando llegaban a la casa de la novia, las jóvenes quitaban la corona de la cabeza de la futura cuñada y la colocaban cuidadosamente sobre la cabeza de la novia. Los padres enviaban gente para invitar a los familiares y amigos. Se sentaban todos junto a las mesas, y los jóvenes empezaban a bailar alrededor de los comensales.
LA BODA
Era un dicho tradicional entre los búlgaros el de que «el hombre es media persona, y la mujer también. Cuando se casan, los dos hacen una sola persona». Las bendiciones que se pronunciaban durante la boda eran muchas, pero las más repetidas eran las siguientes:
«¡Que se quieran como el pan y la sal!». «¡Que a sus cabezas les salgan las canas sobre la misma almohada!». «¡Que se hagan tan viejos como los Balcanes!». «Este año, novia; el año que viene, una cunita».
Los preparativos para la boda comenzaban desde muy atrás, y se desarrollaban durante un largo período de tiempo. Participaban en ellos las dos familias, pero el peso económico más gravoso recaía siempre sobre los padres del novio, y después sobre los padrinos. En el período que quedaba entre la petición de la novia y la ceremonia de la boda, los padres del novio solían enviar a la futura nuera pan y pastelitos.

Nada de lo habitual debía faltar en una boda, pero había cuatro cosas que eran absolutamente imprescindibles:

  • la bandera:

La bandera se hacía con una rama fuerte y recta de algún árbol frutal. Se le ajustaba una tela roja, que era el símbolo del novio, y una tela blanca, que era el símbolo de la novia. En la parte superior de la rama se clavaba una manzana, un ramillete de hiedra, un hilo rojo, un collar de pasas, nueces, palomitas, ajo, maíz y escaramujo. La bandera había de ser preparada antes del amanecer, y debía ser colocada en algún lugar que estuviera bien visible, en dirección al este, para que todos supieran que en aquella casa se iba a celebrar una boda.

  • el arbolito del padrino:

El «arbolito del padrino» (kúmovo dravtsé) era un pan ritual sobre el que se entrelazaban cinco ramas de diferente longitud. Servía para recoger el dinero con que se obsequiaba a los novios. Al final de aquella operación, el dinero era contado, y, si las monedas sumaban un número par, el padrino ponía una más, para que quedasen en núme- ro impar. Eso quería decir que los novios no se quedarían solos en la vida, que tendrían hijos.

  • las coronas de los novios:

Cada casa tradicional de cualquier pueblo búlgaro tenía un tronco en el patio en el que se cortaba la leña. Era un tronco grueso, cortado y desbastado a lo ancho, que también podía servir de banco para sentarse. Era, en realidad, una especie de objeto de gran valor mágico, y sobre él se confeccionaban las coronas de los novios. Las coronas eran preparadas por la madrina. Eran símbolo de amor, de felicidad y de fertilidad. Se hacían de una rama de vid, de rosal o de escaramujo; se ponía obligatoriamente albahaca, hiedra y muchas flores. No podían faltar, desde luego, ni las flores rojas ni las blancas. En la corona se ponían un anillo y dos monedas, que sumaban el sagrado número de tres.

  • y el pan ritual.

El novio y los suyos hasta la puerta de la novia. El cuñado golpeaba la puerta tres veces, con la rodilla derecha, mientras decía: «¡Abre!». Y desde dentro le contestaban: «¡Paga!». Al final, el padrino pagaba algunas monedas de plata, y la puerta se abría. El novio intentaba, al entrar, pisar el pie derecho de la novia, pero ella hacía justo el mismo intento. Esa era la señal que indicaría quién iba a mandar en el futuro en la casa.

La novia estrenaba ropa y zapatos que habían sido comprados por el suegro.
En el umbral del portón, la madre de la novia dejaba caer un huevo fresco debajo de la vestimenta nupcial. El huevo se rompía al chocar contra el suelo, y aquello era un símbolo de fertilidad y un augurio de que la novia iba a dar fácilmente a luz a sus hijos.
La novia no podía sacar nada de la casa de sus padres, excepto el ajuar.

El camino hacia la iglesia era escogido cuidadosamente. En aquel trayecto no debían encontrarse jamás con otra boda. Y el itinerario de ida no podía coincidir con el camino de vuelta de la iglesia. Si había dos bodas, las dos novias tampoco podían mirarse a los ojos. Estaba bien visto pasar por algún lugar en el que hubiese agua, un río, una fuente o un pozo, que eran símbolo de purificación. Hasta la iglesia llegaba la novia acompañada por su cuñado. Y en la iglesia, a su lado derecho, se ponía ya el novio. El ritual de casar a los novios era muy solemne.

Salida de la novia de su casa.

Los novios y los padrinos portaban unos cirios largos, adornados con lazos blancos, que no debían apagarse mien-tras durase la ceremonia. Al finalizar el ritual, sobre las cabezas de los novios era extendido un pañuelo que estuviese sin estrenar, y sobre él se partía una hogaza de pan. Un trozo untado en miel era ofrecido a los contrayentes, para que lo comiesen, como símbolo de que su futura unión sería dulce. La madrina arrojaba, a todos los presentes, trigo, monedas y caramelitos, que eran símbolos de fertilidad, de riqueza y de «vida dulce».

 

¡¡Y esto es sólo un resumen!!! de verdad que nuna había encontrado una tradición tan completa y con tantos detalles como en la tradicional Bulgara.

Si queréis saber un poco más, no dudéis en preguntarnos.


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